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Celestino
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Críticas y Referencias
 
 
 


Su pintura está entre la vibración poética de los románticos, muy “hombre adentro” y la avanzadilla actual que supera todos los “ismos”. Es la alegre conjunción de lo pretérito y lo futuro en una amalgama de cuerpo entero, sin estridencias de color, sin alardes literarios o academicistas, sin ansias “epatantes” y sin esa confusa propensión de la pintura actual por ser obra antes que arte.
 

 
 

Antonio Lozano

 
 
 
 
 


...donde la conquista del movimiento, o la elaborada síntesis del paisaje y el dramatismo satírico de los dibujos en esmalte, convergen a un mundo onírico potencial que puede lograr extender belleza sobre imágenes de pesadilla.
 

 
 

Armando Chulak
Diario La Capital, Mar del Plata
2 de noviembre de 1960

 
 
 
 
 


...de pronto la visión percibe un paisaje marino donde se expande un mundo concéntrico y sinfónico, como un caracol que flota entre brumas de ultranza y cuyas curvas de ondas armoniosas nos da la sensación de una plural profundidad inefable. O es acaso una costa de curva tiesura volátil con su trama de caseríos inexplicables. O también los esquemas palpitantes de los carritos callejeros que parecen abandonados por un destino superior al humano, y cuyas tintas le traducen en su auténtica tonalidad de humildad y de miseria.
 

 
 

A. P.
Diario El Liberal, Santiago del Estero
30 de julio de 1963

 
 
 
 
 


Hombre de nuestro tiempo. Consagra en sus obras el drama de la inestabilidad de nuestro mundo contemporáneo, su inseguridad, sus monstruosas contradicciones, llegando a constituir, en su conjunto, una visión cosmogónica de nuestra época, presidida por la desesperación, esa desesperación que llevamos todos adentro, pero que a pocos es dable transmutar en obra de conmoción y belleza...
 

 
 

“El hombre y sus circunstancias”
Programa de Radio Nacional, Caracas
6 de noviembre de 1975

 
 
 
 
 

 

   
 
 

“I see!”, dice el inglés para declararse persuadido. “Como lo hemos visto en páginas anteriores”... presume el expositor teórico. “Ahora vamos a ver!... promete el profesor empeñado en una demostración.

Todos estos giros modismales están lejos de constituir meras metáforas analógicas para significar nociones puramente intelectuales. Recuerdan, de modo subconciente, ordenes de percepción estrictamente visual que, en muy lejanos tiempos (en el proceso de la evolución humana) habrían asistido también a otros órganos que los ojos. Acaso todo el cuerpo; pero de modo especial la mano. La idea de una visión por las manos está claramente significada en esa figura de un ojo inscrito en la palma que abunda en la imaginería oriental y en la arqueología americana. Y nadie ignora que en las experiencias de visión mediumnica la posición de las manos juega un papel capital.
Era un modo de visión trascendente –esto es, que trascendía el órgano específico de la vista-.

Yo he visto –esto, sí- que los pintores entrecierran los ojos mientras pintan; y entiendo que en general piden al contemplador que entorne los suyos al enfrentar el cuadro. Tácita o paladinamente, fundan esta actitud en simples razones oculísticas, presumiendo alcanzar así el “a foco” que les interesa; pero la verdad es que, de hecho, entrecerrar los ojos para ver mejor las intenciones más ondas del cuadro, es una bonita paradoja que devuelve de nuevo la idea de visiones encomendadas a otros órganos.

Pero, a qué vienen todas esas disquisiciones frente a la pintura de Celestino? Puede ser necesario entrecerrar los ojos para discernir más nítidamente cierta imagen en el cúmulo de elementos que constituyen un cuadro. Más he aquí que, para mí, no es la imagen enredada o insita en la composición lo que importa primordialmente en la pintura de Celestino. Ni la composición misma –con resultar siempre tan lograda-. Es otra cosa lo que primordialmente importa –me importa a mí, profano- en su arte, y muy a fondo. Es... lo que en él percibo como función de una facultad visual inmanente en otro órgano que el ojo. La imagen, la composición, en el arte de Celestino, me digo que envuelven una videncia que no emana propiamente de los ojos; que emana de la mano! Adivino en el extremo del pincel de Celestino latiendo la yema desnuda de los dedos. Su pintura construye, sitúa, reconoce la imagen por palpación antes que por visión, me digo. Aventuro un mínimo retruécano para concluir que en la pintura de Celestino las percepciones de la pupila valen ante todo por percepciones de la papila.

Pondero así la ultrafinísima sensualidad en la refinada sensibilidad del color y la forma que resuma esa pintura, en que la mano del artista hurga acariciando, en una busca que se parece tanto al amor.
 

 
 

Bernardo Canal-Feijóo
1965

 
     
 

 


Críticas y Referencias publicadas en prensa

     
             
             



 

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